Opinión

¿Cómo NO se reactiva una economía?

Por Robert F. Beers - Escritor, Abogado Constitucionalista y Analista Político

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Los que (ingenuamente) aún creen que Carlos Alvarado y su actual equipo de Gobierno tiene alguna idea o simple noción sobre cómo reactivar la economía de nuestro país, debieron haber quedado desilusionados.

Desilusionados después de que la magna «encerrona» del Ejecutivo el pasado fin de semana quedó en lo de costumbre: anunciar, una vez más, que hay un plan para reactivar la economía.

Sin embargo, y para no ser mezquinos, hay que reconocer que el Mandatario y su «equipo» tuvieron esta semana el mayor logro de toda su administración: darnos una cátedra sobre lo que NO hay que hacer para reactivar la economía. Veamos sólo algunos ejemplos:

1) Impuestos y más impuestos:

A propósito de la crisis financiera en que se precipitó el Gobierno (que venía gestándose desde hace diez años, pero vino a explotar gracias a la ineptitud e incapacidad de las administraciones del PAC), se promovió a toda marcha una ley de impuestos vendida con tintes casi «heroicos» (¿dónde hemos oído antes esa palabra?).

Se nos profetizó que si tal paquete no se aprobaba a gusto y placer del Ejecutivo, el déficit llegaría a la inmanejable cifra de 6,9% del PIB al finalizar el segundo año de gobierno de CarlosAlvarado.

Con la dócil complicidad de las bancadas de «oposición responsable» (que no fueron ni oposición ni responsable) el plan se aprobó… ¿y qué sucedió? Nos quedamos con el aumento de impuestos y también con el déficit de 6,9%.

Resultado: negocios cerrando, locales desocupados, familias empobrecidas… y el sacrificio no evitó la «catástrofe» anunciada, con lo cual pareciera el Gobierno preparar el escenario para pedir aún más impuestos. ¿Quién va a querer emprender y generar empleo y riqueza en semejantes condiciones?

2) Crear expectativas contrarias a los datos duros:

Apenas unas horas después de que el Presidente y su Ministra de Trabajo emulasen a los reyes de Francia y nos enviasen a comer libros a modo de pasteles, los datos les daban una bofetada en la cara, con la cifra de desocupados más alta de la historia (especialmente entre las mujeres y en las zonas alejadas).

No obstante, el lunes siguiente se presentó el Ministro de Hacienda a cargar la dosis, anunciando que procuraría encontrar crédito internacional para Costa Rica a tasas más ventajosas… y luego, en la misma disertación, reconocer que las calificadoras internacionales rebajaban la calificación costarricense.

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Así, no sólo el PAC se anotó el «éxito» de completar el viaje desde «grado de inversión» a «bono basura» en menos de seis años, sino que además esa calificación hace casi imposible que nos presten dinero a tasas bajas en el mercado internacional. ¿Cómo hará el Ejecutivo para conseguir mejores condiciones en los préstamos, si las perspectivas lucen cada vez peores?

3) Espantar a los inversionistas:

Si ya es temible el hecho de prestarle plata a un endeudado, lo es más cuando este insiste en no cambiar sus hábitos y más bien nos anuncia sus planes de empeorarlos. Eso es exactamente lo que viene haciendo el Gobierno en las últimas jornadas.

Un día sale la noticia de que, con la excusa de «crear espacios públicos urbanos» (lenguaje que suena muy «progre» y «cool») el PAC, pretende «cobrar el diezmo» a todas las segregaciones de propiedad privada.

Y pensar que en campaña anunciaban con cara de serios que eso era un plan de su oponente, y hasta se creían «inteligentísimos» repitiendo semejante idiotez.

Otro día sale el Ministro de Hacienda (luminaria de exportación, nos decían hace pocos meses) diciendo que hay que eliminar el Secreto Bancario (dejando los datos sobre nuestras cuentas, que hoy son parte de nuestro derecho a la intimidad, expuestos a merced del Fisco y también del crimen organizado, diferencia que cada vez es más difícil de hacer).

Y esto, sin mencionar otros fantasmas como la famosa y controversial Extinción De Dominio, el castigo al país por el infame tema de los Aguacates Hass, y la anarquía en que ha degenerado la zona de Crucitas, ejemplos todos de una creciente inseguridad jurídica que aleja también a cualquier inversionista con aversión al riesgo.

O el ejército de trolls al servicio del Gobierno, que celebran cada nuevo cierre de empresas culpándolas a ellas y nunca al infalible inquilino de Zapote.

¿Así vamos a esperar que alguien quiera invertir en la pretendida venta del BICSA, o que no haya incertidumbre en Alajuela y Grecia sobre la posibilidad de venta de FANAL? ¿Cuál país desarrollado hace cosas semejantes? ¿A quién pretende el PAC que nos parezcamos como sistema económico?

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4) Crear crisis a partir de irrelevancias:

Nos ha bastado una semana y poco más para ver al Presidente ladrarle a la oposición y a la prensa (aún a la que ha sido obscenamente servil a su agenda ideológica), repartiéndoles culpas y calificativos.

Muy fiel a su estilo altanero, autosuficiente y rimbombante pero vacío, sigue posando de «superhéroe» y peleando por un punto porcentual en el índice de desempleo, negando la crecida del déficit y blandiendo el puño contra quienes tengan la osadía de cuestionar su «superior» intelecto y visión de país.

Pero los proyectos claros, los objetivos y la capacidad de ejecución brillan por su ausencia. ¿A cuál líder político creíble se le admiten estos desplantes, cuando no tiene ni una sombra de resultados que lo respalden?

5) Asociar la agenda ideológica como solución:

Como si se necesitaran más demostraciones de que el PAC se aprovecharía de cualquier rendija para meter a la fuerza la única idea que tienen, los oímos decir esta semana que la ruina económica del país cesaría mágicamente en cuanto entrase en vigor el cambio decretado por la CIDH en cuanto al matrimonio homosexual.

Los preclaros genios que nos gobiernan, con insólita seriedad, nos dicen que el efecto sería igual o mayor al de descubrir petróleo en el patio de la Casa Presidencial. Aducen que eso «atraería turismo», como si a las parejas de homosexuales que vengan a vacacionar 15 días a Costa Rica les fuera a cambiar la situación jurídica en sus países de origen por lo que diga nuestro Código de Familia.

La realidad es que que desde hace décadas tenemos este tipo de visitantes, que libremente se hospedan en nuestros hoteles, recorren nuestro país y organizan las actividades privadas que deseen, las cuales en dado caso sólo tendrían efectos jurídicos fuera de nuestro país (salvo que se tratase de inmigración y no de turismo, que son cosas totalmente distintas).

Lo más increíble es que alguien pueda siquiera tomar en serio semejante proclama, o dar credibilidad a las fantásticas cifras con las que «respaldan» este evidente disparate, en vez de comparar la experiencia de las dos docenas de países que han introducido este cambio, a ver si aumentó o no el turismo.

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En la literatura económica suele identificarse este tipo de ocurrencias como «falacia de la ventana rota», aunque su demostración empírica, en caso de lograrse, probablemente le depare al diputado Enrique Sánchez el Nobel de Economía, un título que merecería tanto como el de Licenciado en Periodismo. (De paso, si se quiere realmente incentivar el turismo, podría el PAC comenzar por ver cómo reabre el Parque #Chirripó, cerrado por su falta de capacidad o interés).

6) Desmantelar el equipo de Hacienda:

Cualquier país que quiera gritarle al mundo que está en una crisis casi insalvable, y suicidarse en cuanto a credibilidad, haría de una crisis en los cargos clave del Ministerio de Hacienda su máxima prioridad.

Separar o exigir la renuncia de las principales direcciones es una demostración inocultable de divergencias internas muy graves.

¿Impera en este Ministerio la pericia técnica, o se imponen consideraciones de oportunismo político? Nunca es un buen momento para tener este tipo de dudas.

7) Exigir a otros para proteger a los suyos:

Con el gasto desenfrenado, la viajadera y la evasión de tributos como deporte nacional del Gabinete, suena insincero el clamor del Presidente sobre la «emergencia» y el «patriotismo» de pagar más… sobre todo cuando (aparentemente por mantener contento a alguien) intenta flexibilizar la «regla fiscal» que él mismo hizo aprobar. En tales condiciones ayuda muy poco la cantaleta del «tiene mi total respaldo».

Si en el oficialismo fueran tan «inteligentes» y «preparados» como se jactaban durante la campaña, no debería hacer falta aclarar que, para una verdadera reactivación económica, el plan bien podría ser tan simple como hacer todo lo contrario de lo que aquí se expone.

La verdadera pregunta, según la triste experiencia con con esta corriente política, es si existirá algún interés o capacidad de hacer incluso lo más elemental. En el fondo, empero, ya todos sabemos la respuesta.

Escrito por Robert F. Beers.

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