Opinión

No era “Apocalipsis Ahora”

Por Eli Feinzaig

Los eventos recientes en el Medio Oriente provocaron algo de pánico en nuestro patio. No es para menos, pero tampoco hay que exagerar. Como han pasado varios días y ya puede uno analizar las cosas con más claridad, pues aquí va mi comentario.

Me abstendré de hacer juicios de valor del tipo “americano: bueno, iraní: malo”, o, incluso de calificar las acciones de uno u otro bando como buenas, morales, merecidas o lo contrario. Me limito a hacer un análisis de hechos, probabilidades y riesgos.

Aunque las cosas siempre pueden cambiar, y en el Medio Oriente cambian sin previo aviso, podemos afirmar que nunca hubo riesgo de que el asesinato de Qassem Soleimani desatara una amplia guerra regional o, como algunos temieron, mundial. Y no porque Soleimani no fuera un archiduque, como insinuaron algunos por ahí.

El gasto militar de Irán en los últimos 10 años (2009-2018) equivalió a 1,84% del gasto gringo, según datos del Stockholm International Peace Research Institute. Irán simplemente no es rival para Estados Unidos, lo cual no quiere decir que no pueda hacer mucho daño.

Puede hacer mucho daño, pero no puede enfrentar una guerra directa con EE.UU. Para poner las cosas en perspectiva, el gasto militar de los dos mayores enemigos regionales de Irán también superó el persa: el de Israel fue 2,44% del gringo y el de Arabia Saudita fue 9,67%.

Juntos, Israel y Arabia Saudita invirtieron en defensa 11 veces más que Irán en el mismo período. Irán debe ser muy cautelosa también con sus enemigos regionales. Por eso ha creado milicias afines en Líbano, Gaza, Yemén, Siria e Irak, que representen una amenaza directa para sus enemigos, sin tener que confrontarlos directamente.

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Ese fue el trabajo de Soleimani desde hace 22 años, y lo hizo con bastante eficacia y dedicación. Los ataques de los houthis (Yemén) a los campos petroleros saudíes y los cohetes que lanzan desde Líbano (Hezbolá) y Gaza (Yihad Islámica) contra Israel cada cierto tiempo, tienen un mismo patrocinador: Irán, y específicamente la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, que dirigía Qassem Soleimani.

El punto es que Irán no puede darse el lujo de arriesgar una confrontación directa con Israel ni con Arabia, ni mucho menos con EE.UU. No puede atacarlos directamente y darles una excusa para atacar su territorio, exponiéndose a la obliteración de su programa nuclear.

Por todo lo anterior, era previsible que la reacción iraní al asesinato de Soleimani fuese limitada. Limitada en impacto bélico, no en palabras grandilocuentes y huecas amenazas. Palabras diseñadas para asustar a todos menos a sus destinatarios putativos.

Sin pretender que ya vimos el final de las represalias, el lanzamiento ayer de misiles desde Irán a dos bases militares con fuerte presencia gringa es muy revelador. No hubo muertos gringos ni iraquíes, y los heridos, todos iraquíes, se cuentan con los dedos de una mano.

Aun así, ese 1,84% que representa el gasto militar persa en comparación con el gringo no son “peanuts”. Equivale a aproximadamente 2 veces el PIB anual de Costa Rica, lo que le permitió desarrollar misiles balísticos y de crucero de corto y mediano alcance de alta precisión.

Si Irán hubiese querido vengar la sangre de su “mártir” en el mejor estilo coránico del ojo por ojo, diente por diente, tenían la tecnología para haber provocado una masacre en esas bases militares. No fue que fallaron. Simplemente no se atrevieron, por lo que ya expliqué.

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Inmediatamente después de los ataques, el ministro persa de Relaciones Exteriores, Javad Zarif, tuiteó que habían tomado Y CONCLUIDO medidas proporcionales y que su país no buscaba provocar una escalada ni desatar una guerra.

Evidentemente, ese ataque fue diseñado para consumo del público iraní (venderle la noción de que no habían dejado sin castigo a EE.UU.), mientras que enseñaban a los gringos una pequeñita bandera blanca. No fue el Armagedón que amenazaron con desatar.

Dado el estricto control que tiene el régimen islámico sobre lo que informan los medios de comunicación en su país, y las severas restricciones a la libre navegación en internet y uso de redes sociales, esa es una estrategia muy comúnmente utilizada en Irán.

Donald Trump así entendió el mensaje. En su discurso de esta mañana confirmó que todos los soldados gringos estaban a salvo, que los daños fueron mínimos y que Irán parecía estar retirándose del conflicto (“Iran appears to be standing down”, fueron sus palabras: https://twitter.com/WhiteHouse/status/1214946620053184513).

Aunque dejó abierta la puerta a FUTURAS acciones militares, dependiendo del comportamiento FUTURO de Irán, Trump habló de nuevas sanciones económicas, mas no de nuevos ataques (por ahora).

El Medio Oriente es una región muy violenta e inestable. Sin lugar a dudas, seguirá habiendo atentados y enfrentamientos, misiles volando en todas direcciones y, sobre todo, lenguaje amenazante. Algunos analistas estarán tentados a ligarlos a los eventos de los últimos 10 días.

Pero, al menos por ahora, no habrá una guerra abierta entre Estados Unidos e Irán, ni entre Irán, Israel y Arabia Saudita. Lo cual no quita que los “proxies” de Irán seguirán promoviendo el caos y provocando reacciones de sus enemigos. “Todo normal” para el Medio Oriente.

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